jueves, 17 de marzo de 2011

BARRILETE CÓSMICO


Y así, sin más, despegó. Ya han pasado meses desde la trepada fantástica que dejara al celesteazul en el podio. Después de tantas idas y venidas, de una parada técnica por Fantasía, otro par de escapadas Monumentales al son de la cumbia, la Caprichosa, vaga y rechoncha, se empacó y decidió que se termine aquello de “domingo en paz, jornada intestinal”. Agrandada, además, porque ahora tiene dos nuevas caprichositas, se plantó de frente e instó a las fieras a reiniciar la travesía; aquella travesía por los sueños, las sonrisas y una nueva campaña en la A.
No hay campaña sin armadura, dicen los ortodoxos, en tiempos en que todo se discurre entre la guerra y la paz. De ahí que se iniciara este nuevo viaje con la, ahora, celeste… la misma que vistieron el Toto Berizzo y el Gringo Heinze, para citar a dos históricos de la gambeta nacional.

Domingo de fútbol, señoras y señores. Volvió la dosis semanal de opio, ese opio de los pueblos que llena el corazón y no vacía las ideas (quiere creer quien escribe). Volvió con 14 dispuestos, un par de ausentes con aviso y una determinación notable hacia aquellas pequeñas cosas que buscamos cultivar: la puntualidad, el compromiso, y un poco de desorden y desfachatez, que nunca están de más.

Capitán que debuta gana, se podría decir. Perdón, corrijo: pierde el sorteo, viento en contra para arrancar mal y sol de frente para terminar peor… ¡pero gana el partido! Empezó todo así, pues, con un equipo dispuesto a aceitar la celeste mecánica y un viejo rival enfrente, renovado por el semillero de irrespetuosos que supo ser, alguna vez, el tridente Bordo-Ferro-Olivieri. Como fue previsto, Cumbia intentaba tocar, banana en botín mediante, y Atenti contraatacaba, con pelota dominada o pelotazos sin rumbo, haciendo uso del frescor de sus volantes y delanteros. Así pasaron los primeros minutos, con algunos chispazos de jogo bonito (siempre con el aporte excepcional de los fantásticos del 4-4-2, cuyo despliegue de la mitad hacia adelante lo vuelve un 4-4-2-2), hasta que empezó la lección.

Un gran filósofo del siglo XX, mentor de la necesaria confluencia entre teoría y praxis, eligió demostrar aquello de que “los extremos se asemejan”. La extrema izquierda de nuestro gringo Heinze le jugó en contra, como a la humanidad desde siempre (de la extrema derecha no se habla por respeto a las atrocidades de la que fue responsable). Contra de Atenti, pelotazo al medio, rechazo incompresiblemente incómodo y un chanfle fatal, que dejó al guardavalla de Cumbia perplejo, estático. Atenti 1- Cumbia 0.

No pasaría mucho tiempo para que se revirtiera la situación. Fueron la participación del jefecito, junto a la velocidad y el atrevimiento de los habilidosos, las que endulzaron la mezcla con pinceladas difíciles de reproducir: triangulo-habilitación del cerebro e ingreso de Ferro al arco, pelota en pie (o casi ingreso, al menos), con el arquero desparramado en el área chica; quinta a fondo de Paco Gerlo (más por Paco que por Gerlo) para quedar frente a un arquero que salió confiado y volvió cabizbajo, tras un sutil toque de emboquillada, digno del barrilete que titula el relato; y pelotazo de Gorza, revival del Vélez de Bianchi (Chilavert-Turu Flores-Turco Asad…), para que el flamante capitán llegase al segundo de su cosecha personal, un toque en trescuartos para bajarla y otro par para definir, otra vez, por encima del arquero. Cumbia 3 - Atenti 1. Que el último cierre la puerta, nos decíamos. Craso error. Terminaba el primer tiempo con un agregado, nuestro filósofo moderno, en una arremetida inescrupulosa (como la mayoría de ellas), cerró un peligroso contraataque rival con una de sus características barridas. El tipo barre con escoba, palo de escoba, garra, tripa, corazón y quéseyo-qué-más. Producto de ello fue un no tan bienintencionado rodillazo accidental en la mejilla derecha, génesis de un turulo que ya debe estar en la cima de su existencia… entra Bolgiani y salen Feijóo, su turulo, la bronca y la extrema izquierda. Ahora sí, silbato y entretiempo.

El segundo sería más desorganizado, con las piernas pesadas, cierto recambio necesario para aguantar hasta el final (Chao y Pérez Muñoz por Carafí y Andueza, Mendez al medio) y amplios espacios para padecer y ser padecidos. En una arremetida del comodín, centro rasante al medio, toque de Chao y recolección de Ferro, para acomodarla dentro del arco, con el arquero ya vencido. Cumbia 4 – Atenti 1.

Paréntesis. Hablemos de fútbol, diría el Mariscal. Del fútbol que no le gusta tanto a la gente y que él supo cultivar, de la defensa que intentó salir jugando, con aciertos y errores, pero que corrió siempre; del arquero que tapó pelotazos de todo tipo y color, un par de mano-a-mano (s); y de un rival que intentó una y otra vez a la vieja usanza: pelotazo al correcaminos, zigzag entre defensores cumbieros y alguna que otra argucia que nunca llegó a destino. Digno papel, si bien muy perfectible.

Segundo tiempo, dijimos. Continúa el caos, con Cumbia cansado buscando llegar a través de las eternas piernas de sus delanteros y el aporte de Mendez, sin mucho éxito. Atenti comienza, entonces, con la lluvia de centros que tanto nos aqueja. En uno de ellos, el azar aporta lo suyo para que un rechazo de Zottola se convierta en el 4-2. Atenti se animaba y los fantasmas pedían pista.

Pero no. Los espacios que se abren en un arco aparecen en el otro, y los antes irrespetuosos Ferro y Bordo, hoy ya delanteros de oficio y sacrificio, adelantaron al equipo para presionar más arriba y sufrir menos abajo. Resultado: encara Bordo, y define –slalom mediante- ante la salida del arquero, con Ferro como segunda opción por si los botines naranjas se inactivaban. Otra más, amarilla al pedo por un mínimo comentario que ya ni recuerdo, bronca de Bordo y robo en tres cuartos de cancha, quinta a fondo otra vez y sexto gol de la jornada. Cumbia 6 – Atenti 2. Fin. Ahora sí, domingo en paz, jornada intestinal. Barrilete en pleno despliegue, cargado de sueños. Toda una invitación para volar alto.

Volvió el fútbol. La Caprichosa, en el fondo, nunca se fue. Se quedó ahí cerca, latente, esperando a que remontemos el barrilete que nació a mediados del 2010. Cumbia corrió, demostró que sabe y que no le avergüenza el desafío; y empezó a elevarse, a paso firme. Con virtudes y defectos, los sueños se viven uno a uno, cada día, a medida que se suceden. Este domingo el cielo fue de un solo color… celeste.